El hígado es un órgano voluminoso situado en la parte superior derecha del abdomen. Un hígado limpio y sano cumple satisfactoriamente con sus funciones, las cuales son muchísimas, pero entre las más importantes tenemos que:

Segrega bilis, sustancia necesaria para digerir las grasas.
Metaboliza azucares y lípidos.


Sintetiza sustancias proteínicas y glucógeno.
Almacena vitamina B12 y hierro.
Neutraliza las toxinas de los productos amoniacos.
Limpia, depura y filtra la sangre de sustancias tóxicas.
Ayuda a utilizar los alimentos como nutrientes.

Con todo esto que realiza el hígado, el cuerpo en sí, se ve beneficiado gracias al buen funcionamiento del órgano hepático. Pero por lo contrario, si el hígado no funciona bien, nuestra salud en general se verá afectada. Entre los síntomas del que el hígado no está trabajando correctamente tenemos:

Mal aliento.
Dolor de cabeza.
Fatiga.
Defensas bajas.
Metabolismo lento.
Distensión abdominal.
Estreñimiento.
Trastornos digestivos.
Algunos problemas en la piel.
Cambios de humor.
Dolor.

El organismo está compuesto de agua, grasa, proteína, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. Se habla de obesidad cuando el organismo contiene demasiada grasa.

La medida de la cintura es una manera de calcular la grasa corporal. Se considera una cintura de alto riesgo aquella que mide más de 35 pulgadas en las mujeres y más de 40 pulgadas en los hombres. Otra manera de medir la obesidad es con el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo los kilogramos de peso por el cuadrado de la talla en metros (IMC = kg / m2). Puede determinar su IMC utilizando la calculadora a continuación. Con esa cifra, puede averiguar su composición corporal consultando la tabla que aparece debajo de la calculadora.

El exceso de grasa corporal aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud, especialmente enfermedades cardiovasculares y ataques cerebrales. Además, la obesidad puede:

Elevar los niveles de LDL («colesterol malo») y triglicéridos.
Reducir los niveles de HDL o «colesterol bueno».
Aumentar la presión arterial.
Causar diabetes.
Aumentar el riesgo de asma del adulto y otros problemas respiratorios.
Aumentar el riesgo de apnea obstructiva del sueño (AOS).
Aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer, tales como el cáncer endometrial, el cáncer de mama, el cáncer de próstata y el cáncer de colon.

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